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Teresa Soto Tafalla
Texto de sala. nube camino río / río camino nube
Sala de Exposiciones Chema Cobo de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Málaga
Esta exposición propone un recorrido multidireccional por lo atávico, por ese tiempo variable que existe fuera de categorías pasadas, presentes o futuras. Un recorrido por la reaparición y por lo dulce, pero no desde la deformidad de lo dulce. Es lo dulce eso que hay en la consumición de la carne, del alimento, del material, de la imagen. La amabilidad de la ingesta y la amabilidad, también, de la roca que se prueba al estamparse. La gracia y vitalidad que se aprecian en el dolor y el gasto; donde hay deterioro.
Las piezas de Jose Casas se presentan como tela pintada al óleo, aunque su aspecto está extrañado. Son papiros craquelados de imágenes difusas, aunque no del todo infamiliares, pues evocan el recuerdo de placeres y dolores escondidos. El tratamiento de la tela está vastamente actuado: un grosor suplementario y una textura revenida. La mezcla de la imprimación cobra protagonismo frente al material original, transformado ya en una pantalla protectora flexible y dúctil que, sin embargo, se agrieta. El resultado es una superficie gruesa, mosaica, en busca de una imagen que permita convocar cierta unidad.
Con sigilo y timidez, el artista está situado aquí en el estrecho canal que separa los dos recipientes de un reloj de arena. Experimenta el vaciamiento, la espera, como el cursor que, en vez de flecha, se vuelve reloj mientras carga un programa. Y entonces plasma lentamente la pluralidad de los tiempos, la épica prehistórica de las cuevas de Lascaux o las criaturas inventadas de los dibujos animados, mitológicas también; las sombras de una roca o los reflejos de un monitor en off. El tronco de un árbol que quizá se ha quemado o quizá lo estamos viendo de noche; o casi ciegos. El reloj de arena echando los últimos granos, iniciando nada más la cuenta atrás o temblando en horizontal. El giro de los recipientes, el vuelco y el desgaste del muro arenoso evocan juntos un instante perenne que se sopla con el viento, se deforma con el agua y se escapa entre los dedos.
Este horizonte de sucesos conduce el trabajo de Jose Casas hacia la inmensidad también del espacio. El juego de variación con los tamaños, las posturas y las orientaciones no son casualidades, aunque el azar siempre brille por su presencia. Es el azar fracción del hallazgo, de la reaparición; familiar en su forma, pero insólito en su lenguaje. Un habla de azulejos fuera de todo sistema, replegada hacia sí misma, pero obstinada en volcar una transmisión emocional sobrecogedora a la vez que desbordante.
La cal y la arena de los tiempos. Así se ven hoy sus piezas a través del reloj.